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El Señor Serpiente-Jaguar II
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De aquellos días en el camino donde viajo, camino, me bebo una copa o un café, en algún lugar incierto me pongo a derramar mis masturbaciones mentales y correrlas sobre un papel, algunas de las cuales pongo en esta sección, se aceptan comentarios. Las nuevas publicaciones aparecerán en mi blog.
Ya puedo olvidarte…
Con un poco de barro el día de hoy
are mi mujer perfecta,
tendrá tus ojos, tu boca,
tu cabello.
Además tendrá tu dulzura,
tu inmadurez, tu carácter,
le pondré una sonrisa como la tuya,
unos senos como los tuyos.
Unos brazos y piernas como los tuyos,
medirá igual que tu,
Llorara igual que tu,
Pensara igual que tu.
Ya casi termino, un poco por aquí
un poco por allá, un retoque
por este lado, otro más por este.
Eh terminado!
Porque si pensabas que nunca
te olvidaría te has equivocado.
Ese Lugar…
A la tierra que escupe a sus muertos,
en donde la muerte no aparece
donde la gente es gente.
En donde se cuestiona la mortalidad
de que polvo eres y al polvo volverás,
en donde otros cien años lo decidirán.
En donde el amor aparece en forma de muerte
y lo inmortaliza en los callejones,
que gritan cada uno de ellos su historia
en cada escalón.
Ese lugar en donde se trabaja
vive y muere por el oro
prácticamente escaso,
ese lugar de ventanas y balcones
en donde los amantes se ven
y se aman sin salir de casa.
Ese lugar donde el trovador y el poeta
le cantan, donde el pintor lo plasma
en su lienzo, donde el enamorado nace,
si, ese lugar cerca de donde “la vida
no vale nada”.
Salitre primaveral…
Las paredes hinchadas
de salitre,
tan saladas como tu piel,
miraban el momento
mientras mis labios dragaban
tu cuerpo.
El frío se hizo ausente
en tu desnudez,
en la mia,
y el calor nos evaporo
las manos elevándolas
como plegarias a tu cuerpo
que era el mio.
No importaba la vida afuera,
el festival paso a ser el escondite
perfecto,
y tu cuerpo mi trinchera,
oculto entre tus labios te protegí,
como el bochorno
nuestras pieles.
Las ondulaciones de tu cabello
me configuro,
el arar de mis manos
por tu cuerpo,
ciclo anual para la eternidad,
anticipo primaveral,
día oscuro atrapados
por voluntad.
Lugar exacto
mejor palacio
en el cual residir no lo hay,
salvo tu cuerpo.
Detén cronos tu vida,
y haz de estos minutos
una eternidad,
sea la noche y el salitre
nuestros cómplices,
sean en este ritual
también felices.
Duerme lo suficiente,
cúbrete virgen de santidad,
déjame beatificar tu cuerpo
en rectitud con el mío.
Sea revelados los rollos
de la verdad en un minuto,
la gloria de tu beldad,
sea mi gloria y realidad,
seas tan eterna como el sol,
así como este nuestro amor.
A ti…
A ti, retoño que brota
y no abre, que permanece
siempre verde,
eterno edén,
que tu tálamo sea un enjambre de rosas y,
pétalos de alas de ángel.
A ti, que caminas con quimeras
en la mano, que regalas
a los pobres con una sonrisa,
que llenas tus manos,
con pedazos de cielo
que liberas jugando
y los ves volando,
mientras te disculpas con Dios
haberlos tomado.
A ti, que no buscas caminos los haces,
que no buscas te encuentran,
que no derramas lagrima tuya,
salen de los demás.
A ti, que no necesitas caricias,
más de las que te dan,
los rayos de sol y la brisa,
que no entregas compartes,
de tus palabras mis escrituras,
y de tus mentiras,
mi dogma que predico.
A ti, que no ve muertos,
los levantas, resucitas,
sin palabra mágica alguna,
que perdonas pecados,
con sólo los dedos,
y limpio soy.
A ti, que de los tres soles,
que el creador nos dio,
arrancaste dos,
que presumes durante el día,
porque al cerrar los ojos,
los amantes se despiden,
y no quieren irse,
las sombras viven y reinan,
hasta que despiertas.
A ti, que no corres,
los demás son lentos,
las estaciones, los siglos,
niños y viejos.
A ti, que no coloreas, iluminas,
que no brillas, das luz,
que no sueñas, vuelas,
no haces, creas,
y crees lo que no ves.
A ti, que no pides perdón
sin nombrar a Dios,
y no dices Dios,
sin antes pedir perdón.
A ti, que no besas embriagas,
hasta los huesos,
néctar de tus lábios,
mi veneno y morir el ellos,
en cien o doscientos años,
por mi fueran quinientos,
no besos, siglos.
A ti, que viajas cada viernes
como en primavera regresas al nido,
sábado y domingo, no son descanso,
(ahora) son mi martirio,
no bebo, no camino, no fumo
si no quieres tampoco respiro.
A ti, delicado diente de león,
y tan salvaje como del león un diente,
delicada y sensible,
que los grillos callan,
cuando silencias tus ojos.
A ti, que traspiro en tinta tu existencia,
que te pienso antes de pensar,
que me mueres antes de vivir,
mujer puño de Dios,
corazón de hombre,
dame en tu vida un nombre,
de agua y tierra,
fórjame en tus manos.
A ti, yo que juego, sin saber,
con palabras y palabras
rima, verso y prosa,
rollos de mar muerto,
para tan sólo poderte decir: Te amo.
A ti que aun vives en mi.
Un peso o dos…
A ti que te eh pagado un peso o dos,
los que fueran,
eh comprado una hora de tu vida y,
te reclamo a mi lado.
Hoy no quiero tocarte ni poseerte
ni apresurarme a desvestirte,
hoy sólo quiero que tu me abraces,
te doy un peso o dos
los que fuesen.
No quiero nada fácil,
esta vez, nada pasará
ve me a los ojos y di
palabras dulces
no importa que sean las mismas.
Un peso o dos te doy de más,
si logras articular un te amo,
se que no es fingido porque me costo
un peso o dos,
deja las caricias y besos,
para después, los que juegan,
los que buscan, los que encuentran,
los que no menos tu y yo.
Realízame tu mejor puesta,
acto y conságrate en esta escena,
déjame aplaudirte una vez más,
ponerme de pie,
rendirte un homenaje,
darte un “Ariel”.
Pero no llores esta vez
te pagare un peso o dos
los que fueren.
Debajo de…
Debajo de una lagrima,
de un pedazo de papel
de flores secas,
bajo un montículo de tierra
te esperare.
Te esperare, cuando sientas que mis brazos
no son tu prisión,
son tu fortaleza, tu protección,
desempolva tus recuerdos
y cuando aparezca,
sonríe por el hallazgo,
no fui oro ni plata,
pero si un puño de tierra, que tuya era.
Debajo de una capa de polvo
o detrás de tu ropero,
estaré tirado pero aun no lo hagas,
veme por sólo un segundo
y por ello te obsequiare una sonrisa,
o un suspiro ya no una letra.
Te ofreceré un paseo en el parque,
un hombro para tu cabeza,
una cabeza para tu hombro,
en cualquier parte.
Debajo, sobre entre las hojas
de algún libro recordaras lo que fue mi vida,
no seré Nóbel, pero recordaras como llegaron
las canas, los hijos, los nietos,
los años mucho antes que yo.
Te esperare debajo del mismo cielo,
que nos abrazo de bajo de...
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